sábado, 17 de enero de 2015

Quien te escribe (Así fue como vivimos, 2012).




Yo soy el hombre alfarero, la goma de borrar,
oh, dolor, oh, dolorido,
como el agua que recorre debajo de las hojas la sed del viento y la vida.
Hay ríos, sí, tantísimos,
que se refugian debajo de las telas de los fantasmas y hay una voluntad
que se patrocina arrendando las palabras.
Ah Poesía, ¿qué hay de ti, oh, real?
Yo soy tan sólo el torno inútil en que retumba el espíritu con la escritura, o de una mancha,
el límite de su forma.
Pero afuera,
afuera hay una ventana que prospera sin marcos,
afuera un pájaro que pasa sin sombras, libre en sus alas, y sobre la atmósfera
todo palpita y viaja en las cosas
con un amor y una bondad inaplazables, tatuando sus hegemonías sobre mí.
Yo, como un caballo de agua, soy, irremediablemente prófugo, blando,
irremediablemente mundo.
Yo soy el hombre funesto,
la cerradura esculpida en ónix, el paraguas entreabierto, siempre,
oh, dolor, oh, dolorido, soy el de la incomprensible alegría,
el que todo lo interrumpe en una tarde consumida de velas, y con dilemas y calles obscurecidas,
ama los rincones de las ciudades a mitades de vida, y a mitades de muerte.
Yo soy el poeta, sí,
el rostro en espera y cópulas sin condiciones, el que se detiene en el límite de este mundo a mirar
el delgado hilo que se aparea con el llanto de la noche.
Soy el que te escribe su silencio en una copa, el que reúne el duelo y las cosas
con órganos de arcoíris,
con un agua gastada que se parece tanto a ti, pero lleva mi nombre en sus caminos,
y va entre las piedras
y las lunas que no hallan sus formas, y que a veces me acompañan fronterizas a los sueños,
y a veces, como tú, también llegan a ser hermosas.

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